Unir monetariamente bajo la misma moneda a
países con diferentes gobiernos, políticas económicas, sistemas fiscales, niveles
de competitividad, etc. ha sido el mayor error económico que jamás se ha podido
cometer. Recuerdo que en 1998, justo antes de la implantación del euro (1999),
algunas personas, conocedoras de mi interés por los temas relacionados con la
macroeconomía, me preguntaban qué iba a pasar después de la introducción del
mismo. Yo les decía que mientras todo fuera bien no habría ningún problema,
pero cuando las cosas fueran mal, el problema sería el euro. Y el tiempo me ha
dado la razón. No es un tema de ahora, de moda. Mi posición no ha variado.
Pero es que además, se hizo rematadamente
mal porque deberían haberse creado los instrumentos necesarios para que el euro
operase en el corto plazo como una moneda común efectiva; entre otros: crear un mercado de eurobonos para
financiar a la zona euro, crear una
agencia de calificación de crédito europeo, haber establecido un sistema deconvergencia efectiva e irrevocable
a X años de las distintas políticas económicas, fiscales, laborales, etc. de
todos los países de la zona euro (e incluso lo recomendable y sano hubiera sido
hacerlo antes de introducir el euro, pero se quiso utilizar a esta moneda como
un elemento catalizados de las reformas que no se habían hecho, lo que sin duda
fuer un gran error), dotar al Banco Central Europeo de objetivos mas ambiciosos
que el mero control de la tasa de inflación por debajo del 2% (al estilo de la
Reserva Federal de los EEUU que tiene objetivos vinculados al crecimiento del
PIB y a la tasa de desempleo) y un largo etcétera.
Esta situación de crisis económica profunda
en cuanto a su dimensión y horizonte temporal ha puesto de manifiesto lo que ya
se sabía pero quizá algunos ocultaban o no querían ver: que cada país ha ido a
la suya (sálvese quien pueda!!) ante la total ausencia de una política económica
europea común a todos los niveles (lo que por otra parte es impensable
considerando que cada país sigue siendo soberano).
Y así, los países peor posicionados (España,
Grecia, Italia, Portugal e Irlanda) han quedado atrapados en una telaraña que
les impide decidir su propia política monetaria (actuaciones sobre la masa de
dinero y/o sobre los tipos de interés) y cambiaria (depreciación o apreciación
de su moneda para ganar o perder competitividad, según conviniera) y, en
esencia, les priva de herramientas útiles y capacidad de maniobra para
situaciones de crisis económica como la que estamos viviendo (no suficientes,
por supuesto, pero sí necesarias). Pero no menos peor posicionados quedan los
teóricamente países fuertes, que ahora ven como sus activos en euros en los
países peor posicionados, empiezan a depreciarse de manera considerable. Todos
perdemos.
Inglaterra sí que lo supo hacer. Rostchild,
el banquero inglés que en su momento fue la persona mas influyente en el mundo
a la hora de decidir el precio del oro dijo a principios del siglo XIX: Quien
tiene el poder del dinero, tiene el poder del Estado. Nada mas lejos de la
realidad. Y por eso los ingleses, con muy buen criterio, decidieron integrarse
en la unión económica, pero no en la unión monetaria y conservaron su moneda,
la libra esterlina.
No disponer de la capacidad de intervenir en
la económica inyectando (drenando) dinero, aumentando (reduciendo) los tipos de
interés, depreciando (apreciando) la moneda, es demasiado precio para un país
que no comparte con el resto de países europeos absolutamente nada (ni
gobierno, ni política económica) porque Europa, no lo olvidemos, sólo es geográficamente
un continente, nada más (no tiene, ni de lejos, el sentimiento de unión que hay
en los Estados Unidos de Norteamérica). Nada nos une: ni historia, ni cultura,
ni valores, ni pensamientos; sólo compartimos un trozo de tierra. La historia,
que nunca debemos olvidar, es muy clara en esto: muchos siglos de guerras, de
desuniones, de idiomas y culturas diferentes, de modos distintos de ver la
vida, etc. Y para muestra un botón: en 1945 acabó la segunda guerra mundial,
sólo 12 años después, en 1957, un grupo de “descerebrados” ya pensaba en una
Europa económica y políticamente unida y gestaba el Tratado de Roma, origen
remoto de lo que hoy es la Unión? Económica y Europea.
Pero las consecuencias de la introducción
del euro son mucho más profundas que la simple imposibilidad de actuar en
materia monetaria o cambiaria. Se ha producido un efecto contaminación y nocivo
en toda Europa: Los países peor posicionados porque están atados de pies y
manos y los mejor posicionados porque ven como sus activos en estos países
pierden valor. Y todos pierden porque su moneda, el euro, es un juguete en
manos de especuladores financieros. Como antes he dicho, todos perdemos.
Hoy Europa se enfrenta a una encrucijada
porque es evidente que así no puede continuar: o avanza hacia la creación de
los Estados Unidos de Europa con un modelo similar a los Estados Unidos (un
único gobierno central, estados federales, responsabilidad fiscal, política
económica común, etc.) o necesariamente hay que deshacer la integración
monetaria, hacer desaparecer al euro y que cada país vuelva a adoptar su moneda
de origen.
Dado que la probabilidad de lograr unos
Estados Unidos de Europa es igual a cero, entonces la única alternativa que
queda es hacer desaparecer al euro y, de la misma forma que en 1999, cada país
fijó un tipo de conversión irrevocable y fijo del euro (ecu) respecto de su
moneda, hacer ahora justo lo contrario. Por descontado esto debe hacerse de
manera planificada, programada, ordenada y en un entorno de estabilidad
económica y financiera para evitar daños colaterales (ataque contra alguna
divisa, movimientos especulativos contra ciertos mercados, altas tasas de
inflación, etc.); pero por supuesto que puede y debe hacerse. No estoy loco ni
esto es una locura. Si no deshacemos el euro el futuro nos deparará todavía más
sorpresas desagradables (sobre todo a los países peor posicionados, menos
competitivos, mas endeudados, etc., como España). Cuando China juegue en su
totalidad el papel relevante que tiene reservado en el panorama económico
mundial, tendremos que echarnos a temblar. Sobre todo Europa, un continente
caduco, viejo, obsoleto, que ya nunca jamás volverá a ocupar el lugar preferencial
que un día ocupó. No me cree? Guarde este artículo y sáquelo del cajón cuando
llegue el momento. No pasarán demasiados años y tal vez lo vea.