La idea de la gestión basada en el valor no es un concepto nuevo. Ya desde la década de los años 50 del siglo XX se venía afirmando que el objetivo fundamental de una compañía era maximizar la riqueza de los accionistas.
Orientar la gestión de la compañía hacia la creación de valor para el accionista se ha convertido, así, en uno de los principales y novedosos temas de aplicación práctica en el mundo empersarial, que preocupa a los accionistas e inversores, a los analistas bursátiles y financieros, a los órganos de administración de las compañías, a los empleados, a los gestores, a los investigadores académicos y, en general, a todos aquellos interesados en el campo de las finanzas corportativas, a tenor de la amplia literatura existente al respecto y de las múltiples investigaciones realizadas.
De hecho, hoy cada vez un mayor interés por parte de los accionistas en controlar los resultados de las compañías en los que invierten su dinero. Esto ha conducido a una cultura de creación de valor, donde los accionistas no se conforman con invertir y esperar a obtener resultados, como el pasado, sino que exigen a los gestores de la empresa que maximicen el valor de sus inversiones; lo que supone, desde esta óptica, un cambio de paradigma en las relaciones entre gestores y accionistas.
ACEPCIONES DEL CONCEPTO
La creación de valor para el accionista es un concepto ampliamente relacionado con las más recientes teorías en el mundo de las finanzas corporativas. Así, como señalan Jensen y Smith, la creación de valor para el accionista está fuertemente influenciada por la teoría de la eficiencia informacional de los mercados de capitales, la teoría de cartera, la teoría de la determinación del precio de los activos, la teoría de opciones y la teoría de la agencia; por lo que el estudio de dicha creación de valor es, sin duda, de enorme relevancia. Aunque existen diversas aceptaciones del concepto de gestión orientada al valor (VBM), todas ellas tienen un denominador común: el objetivo primordial de la empresa es la creación de valor para sus accionistas.
Así, de entre las definiciones examinadas, podemos destacar las siguientes:
"VBM es un modelo de gestión que sitúa a la creación de valor para el accionista en el centro de la filosofía de la empresa. La maximización de la riqueza para el accionista guía la estrategia de la compañía, su estructura, sus procesos y la retribución de sus directivos, y establece qué medidas deben ser utilizados para evaluar el resultado empresarial" (KPMG).
"VBM es un proceso continuo que involucra a la estrategia, la planificación financiera, las medidas de rendimiento empresarial (internas y externas) y los sistemas de compensación a la dirección. Comienza con la planificación estratégica para alcanzar ventajas competitivas que permitan lograr un crecimiento superior en los beneficios económicos y en la rentabilidad para los accionistas" (Weaver y Weston).
"VBM es un sistema de gestión cuyo objetivo principal es la maximización a largo plazo de la riqueza de los accionistas. El objetivo de la empresa, sus sistemas, estrategia, procesos y técnicas analíticas, así como la medición de los resultados y su cultura, tienen que estar guiados por el objetivo de maximizar la riqueza de los accionistas" (Arnols y Davies).
"VBM es básicamente una filosofía que guía a la gerencia a tomar mejores decisiones y posibilita que entre las múltiples opciones estratégicas cuya ejecución es susceptible de realización se seleccionen aquellas que, en mayor medida, contribuyen a la riqueza de los accionistas y, en consecuencia, proporciona una orientación clara de misión de la gerencia y centraliza la atención en la maximización de la riqueza de los accionistas " (Morin y Jarrell).
Las investigaciones teóricas que han centrado la atención en la gestión orientada al valor se han realizado, básicamente, desde dos aproximaciones diferentes, pero complementarias: la importancia de la gestión orientada al valor desde la óptica de la gestión estratégica y/u operativa de la compañía y la filosofía de la gestión orientada al valor desde la óptica de la dirección de empresas.
En entronque entre ambas aproximaciones nos lo ofrece McKinsey cuando señala que la gestión orientada al valor posibilita a los gestores de la compañía el vínculo necesario entre sus actuaciones estratégicas y/u operativas y la toma de decisiones de dirección con el interés de los accionistas, que es maximizar su creación de valor. Así pues, es importante señalar que la filosofía de gestión orientada al valor está cimentada en los principios clásicos de la economía de los negocios (hipótesis de eficiencia informacional de los mercados de capitales (EMH) que sostienes que el valor de mercado de las acciones (perspectiva externa) es, en todo momento, igual al valor actual de los flujos de caja libre esperados, desconectados a una tasa de retorno que refleja el nivel de exigencia de los inversores por asumir el riesgo (perspectiva interna). A este respecto, es importante señalar que los principios básicos de la moderna teoría financiera, que dan cobertura a las políticas y decisiones sobre la inversión, financiación y dividendos, deben alinearse con el objetivo de crear valor para el accionista; tal y como afirma Rappaport.
Al hilo de lo anterior, puede afirmarse que "la obligación fundamental de los gestores de cualquier compañía es tomar decisiones de explotación, inversión y financiación que permitan crear valor para los accionistas a lo largo del tiempo".
Por otro lado, una de las consecuencias observables de la filosofía de la gestión orientada al valor es que aquellas compañías que la han adoptado como filosofía (por así constar de forma explícita en sus cuentas anuales, o en las notas de prensa o en otro tipo de documentos; como por ejemplo los reglamentos internos del órgano de administración) crean más valor para los accionistas que aquellas que no han manifestado de forma explícita tal filosofía.
Así, en un estudio realizado por The Lek/Alkar Consulting Group, Inc. durante el período 1988-1993 sobre las compañías incluidas en Fortune 100, se observó que aquellas que habían adoptado de forma explícita la filosofía de gestión orientada al valor obtenían resultados superiores en un 5%, en términos de rentabilidad total para el accionista o rentabilidad total de las acciones [Total Shareholder Return (TSR)], a las que no lo habían adoptado; y eso es mucho.
¿Todavía tiene alguna duda sobre qué filosofía de gestión implantar en su empresa? Espero que ahora no.





